24 de junio de 2012

Reflexiones



Cuando la vida o el alma nos habla a través de situaciones que aparentan desagradables y nos sentimos víctimas es porque no estamos atendiendo al espejo de nuestro mundo interior.  

Nuestro mundo interior, nuestro estado de conciencia, nuestra manera de interpretar el mundo, se materializa en lo que consideramos el mundo exterior, pero no hay tal separación, es lo mismo. El mundo exterior es la manifestación de nuestra visión. 

Nos dicen que tenemos que cambiar e invertimos nuestro tiempo en cambiar cosas que por sí mismas no pueden cambiar. La clave está en revisar esa visión que tenemos y la interpretación de la vida, porque cuando cambia nuestra manera de interpretar el mundo, este cambia de forma.  No hay un movimiento interior que no tenga su repercusión en el mundo exterior.

Cuando algo nos moleste, está bien parar y escuchar la vida.  No nos queremos creer que lo que vemos en el otro que nos molesta es un reflejo de una parte de nosotros que tenemos en la sombra.  No nos queremos creer que el juicio que hacemos de los demás es nuestro propio juicio sobre nosotros mismos.  Y voy a ir más allá; cuando estamos enfrente de alguien con quien tenemos conflicto, no nos preguntemos qué parte de nosotros nos refleja, contemplémosle como si fuera Yo.   Eso es lo que más nos asusta, pues vemos en el otro nuestro propio juicio.  Lo que condenamos en el otro es lo que condenamos de nosotros mismos, lo que nos molesta del otro es lo que nos molesta de nosotros mismos.  

Cuando hacemos lo que llamo "terapia del espejo", nos damos cuenta de aquello que no queremos ver en nosotros.  Ese es un primer paso.  El segundo es perdonarnos a nosotros mismos y el tercero, abrazar al otro porque... Todos somos Uno.  De esta manera, dejaríamos de sentirnos víctimas, podríamos ver en primera persona y en el momento presente que lo que vemos ahí fuera es nuestra propia creación, y de esa forma podemos elegir crear diferente.  

La resistencia a aceptar lo que no nos gusta es lo que nos enferma, lo que nos desanima, lo que nos mantiene en un estado de insatisfacción permanente.  El mayor de los esfuerzos es permitir.

Eso es un acto de amor.  El poder reside en permitir contemplar al otro como si fueras tú mismo.


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